En un establo lechero de Ciudad Juárez, municipio de Lerdo, Durango, un camión materialista y una retroexcavadora entran al corral donde se encuentran decenas de vacas parsimoniosas. La retro comienza a levantar el estiércol del ganado y los animales se espantan. Cucharada tras cucharada, empiezan a llenar las 10 toneladas de capacidad del camión. Son las 11:30 de la mañana y es el primer viaje que realizan para recoger el estiércol. Al final del día, me cuentan los trabajadores, realizarán nueve o 10 viajes para levantar unas 90 toneladas de estiércol que aplicarán como abono en el cultivo de maíz.

Ese estiércol, me platican los trabajadores, irá a la cosecha del patrón. “Ya mero llega el agua. Lo dejamos y un tractor lo distribuye”, dice el chofer del camión.

-¿Las 90 toneladas se aplican en una hectárea? –les pregunto.

-Sí, crece grandote el maíz, sirve mejor que el fertilizante –grita el chofer de la retroexcavadora.

-¿A cuánto les venden el estiércol?

-No sé, antes lo daban, lo regalaban. Ya lo venden.

Los trabajadores vienen a este establo en promedio cada semana a recoger estiércol de vaca. En el largo de una alberca olímpica, calculan habrá unas 200 toneladas de excretas. “Son un chorro, tienen más amontonado por allá”, platica el chofer del camión cuando camina sobre el estiércol rumbo a la cerca.

Los dueños del establo también utilizan el estiércol como abono de las tierras donde siembran la comida de sus vacas. Pero es tanta la excreta que tienen que vender el sobrante.

La aplicación de estiércol no es mala, pues es una fuente nutrimental, sin embargo, especialistas refieren la necesidad de tener cuidado con las dosis, pues si se aplica de más, es dañino para el suelo, el agua, los animales, las hortalizas y el humano.

Es un razonamiento simple: en la región hay más de 400 mil vacas lecheras (más las 300 mil de engorda y los caprinos). Esas vacas producen más de 2 mil millones de litros de leche al año, pero también más de un millón de toneladas de estiércol al año, el equivalente al peso de unas 100 torres Eiffel con todo y sus tiendas y ascensores. En el país no hay ninguna ley que regule el manejo de estiércol, entonces los productores tienen qué ver dónde aplicar ese estiércol, y como el estiércol es un abono, deciden aplicar de 80 a 100 toneladas en una hectárea de forraje, el alimento de sus vacas.

“Pero no hay criterios técnicos, es un exceso lo que aplican”, se queja la investigadora Esmeralda Ochoa Martínez del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap). Los productores en la región fertilizan al tanteo. Creen, dice Ochoa Martínez, que entre más fertilizante le ponen, más va a producir la tierra y no es cierto. “El cultivo va a absorber lo que requiere, lo otro no, es un lujo, se tira el dinero y se contamina”, asegura.

Enrique Salazar Sosa, investigador del Instituto Tecnológico de Torreón (ITT), lo resume así: “somos buenos en producción de leche pero también de caca de vaca”.

Ese descontrol en la fertilización está provocando un grave problema ambiental, el principal: contaminación de agua por nitratos.

¿Qué son los nitratos?

El ejido Las Cuevas, municipio de Lerdo, está frente a un establo lechero. Al ejido y el establo lleno de vacas y excretas de vacas, sólo los separa la carretera que lleva a Ciudad Juárez, Durango. La comunidad rural luce desangelada, apenas se mira gente deambulando y sólo se escucha el sonido de un altavoz montado en un coche que anuncia la venta de pan.

En las calles terrosas me encuentro con Mercedes, una señora cincuentona, que, quitada de la pena, asegura que no teme por la contaminación del agua. “Yo bebo agua de garrafón”, dice con aires de presunción.

Mercedes dice que el agua de la llave sale aceitosa y que en las escuelas los maestros han aconsejado a los niños no beber el líquido de las tuberías. Pero Mercedes desconoce sobre la contaminación de nitratos, pese que el exceso de éste se encontró por primera vez en la Comarca Lagunera en 1981, en el agua de bombeo y años después en varios cultivos.

En la región lagunera, la aplicación de fertilizantes químicos y estiércol en terrenos agrícolas es una práctica rutinaria. Sin embargo, especialistas explican que el uso excesivo de fertilizantes nitrogenados (orgánicos o inorgánicos) puede ocasionar pérdidas de nitrógeno hacia el subsuelo en forma de nitratos, los cuales contaminan los mantos acuíferos y por consiguiente el agua de bombeo que se utiliza para regar los cultivos o los pozos para consumo humano.

Según la página del Simas Torreón, en el último análisis físico-químico (2018) de los 115 pozos y tanques de agua que abastecen a la población, 22 de ellos superan la norma de nitratos permitidos en el agua, que es de 10 miligramos por litro de nitrógeno de nitrato, según la Norma Oficial Mexicana 127-SSA-1994. En 2015 la cifra era de 13 pozos que sobrepasaban los límites permisibles.

Un pozo en la colonia Luis Echeverría de Torreón, registró 47.34 miligramos por litro de nitrógeno de nitrato. Tres pozos y un tanque en la colonia Las Luisas, superan los 20 miligramos.

Pero en la región Laguna, los municipios no hacen mediciones de nitratos en los pozos. En el área rural de Lerdo, la investigadora de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), Esperanza Calleros Rincón, ha realizado muestreos de los pozos de agua para consumo humano y ha encontrado niveles de hasta 45 miligramos por litro de nitrógeno de nitrato y de hasta 124 miligramos en los pozos agrícolas.

Hay que preocuparnos

Esperanza Calleros Rincón, investigadora de la UJED, realizó el primer estudio en México de la relación de la contaminación por nitratos en el agua con efectos en la salud de las personas.

La principal asociación es que ocasiona metahemoglobinemia, enfermedad en los niños menores de 12 años, que consiste en la oxidación de la hemoglobina que disminuye la captación de oxígeno y limita la transportación a la sangre, produciendo cianosis (coloración azul de la piel, mucosas, labios) en cantidades pequeñas y disnea (dificultad en la respiración) y cefalea en concentraciones altas.

De hecho, la NOM-127-SSA-1994 regula el nivel de nitrógeno de nitrato específicamente para la prevención de la metahemoglobinemia en niños menores de 12 años. “Es la primera enfermedad que se asoció a la contaminación por nitratos, pero no está regulada para la prevención de otro tipo de problemas”, explica Calleros Rincón sobre la norma.

Un estudio que encabezó Calleros Rincón, encontró que de una muestra de 346 niños menores de 12 años, de 10 comunidades rurales que consumen el agua del acuífero de Ciudad Juárez, Durango, 150 presentaron niveles detectables de metahemoglobina.

De los 62 pozos muestreados en la zona de estudio, tanto para uso agrícola como para consumo humano, más de la mitad sobrepasaron la concentración máxima de nitratos permitidos.

“Cada vez salen más cosas. No he podido dejarlo, terminar el proyecto. Hemos tenido que investigar cosas nuevas”, comenta.

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