Hoy por hoy, no es ninguna sorpresa el encontrar individuos quienes apuntan a generar su fama a través de redes sociales. A la persona que mantiene una red de seguidores extensa, promueve artículos o servicios de terceros digitalmente y genera interés social, se le conoce como “Influencer”. Como el nombre lo sugiere, un Influencer vive de influir al público que le sigue. Sin embargo, el ser factor en la toma de decisiones y seguimiento de otras personas puede llegar a ser un trabajo duro de mantener ya que el ruido normalmente genera demasiada atención. El categorizar a una persona como famosa digitalmente no solamente trae consigo oportunidades de crecimiento y/o múltiples ingresos, sino que coloca al individuo bajo el reflector de miles de personas con opiniones, puntos de vista y comportamientos diferentes.

Estas diferencias tienden a ser de distintas naturalezas tales como políticas, sociales, humorísticas e incluso culturales. Al final, aunque dichas diferencias provengan de diferentes temas, todas parecen llevar a un análisis de ética social. La fama digital generalmente involucra la publicación y la normalización de cada pensamiento y acción que el Influencer demuestre. Por ello, es necesario mantener una imagen socialmente aceptable. También, cabe resaltar que el más mínimo error, accidente y/o malentendido no sólo puede terminar con la fama sino que la puede convertir en odio y desprecio hacia la persona en cuestión. Si bien es cierto, no a todo el mundo le gustan los mismos temas. Por consecuente, existen influencers o fuentes de contenido multimedia específicos para ciertos gustos y para audiencias determinadas. De todas formas, una audiencia específica no debería ser generalizada sin primero evaluar el contenido que se piensa compartir al público general. Si, cuando el contenido salga a la luz la audiencia determinada recibirá el mensaje, pero hay que recordar que, después de eso, regularmente el contenido sigue publicado, lo cual podría generar disgusto si llegase a los ojos de otro tipo de audiencia.

El mejor método para evitar problemas sociales y conservar una fama digital estable es básicamente evadir tomar lados políticos y de preferencia general, moderar el lenguaje concorde a límites crítica y previamente establecidos, estar informado de sucesos sociales recientes y fomentar la inclusión humanitaria evitando la segmentación social.

En el presente, la maximización de la fama digital pudiera ser considerada como una misión de supervivencia para quienes deciden tomar el camino de influir por medio de plataformas sociales. Sin duda alguna, la consideración de los estándares de aceptación social hace más difícil la interacción y la creación de contenido. De igual manera, algunos influencers pudieran llegar a convertir un mal comportamiento en algo habitual/normal para la sociedad. Ambos lados de la moneda tienen tanto sus ventajas como sus desventajas, pero es importante tener en cuenta que hoy en día el contenido digital social es muy difícil de censurar y/o manipular ya sea por un mal o un bien común. Al final del día siempre habrá puntos de vista diferentes, así como también distintas valoraciones provenientes de distintos individuos. El crecimiento social global depende de la libre expresión tanto de personas influyentes como de personas seguidoras y la aceptación de pensamientos depende de la tolerancia social general que se demuestre.

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