La Verdad Ajena

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¿Oclocracia o democracia? En el pasado 1ero de julio más de 56 millones de mexicanos tomaron el rumbo del país en sus manos, ejercieron su derecho y cumplieron con su obligación; para muchos significó un cambio, para otros la catástrofe, empero, más allá de la verdad ajena de cada individuo, tenemos un resultado desastroso a partir de la mencionada fecha, una sociedad dividida, flagelada, donde la diatriba y el encono resulta ser el pan de cada día en las redes y en las calles, la divergencia entre los ciudadanos es descomunal, todos consideran poseer la verdad absoluta y ante la mínima argumentación, la descalificación y el insulto se hace presente.

Los mexicanos nos encontramos sumergidos en las lodosas y pantanosas aguas de la división, parecía que los vientos de cambio, la esperanza de México o como uno que otro dice por ahí, “la 4ta transformación” erradicaría esta ola de violencia verbal que se presenta como un cáncer, al que no se le ve fin. Lamentablemente para nuestra sociedad, esto no fue así, el egocentrismo y la vulgaridad, alimentan las mentes de quienes se ostentan como <conocedores>, y es precisamente ahí donde se concentra una inmensa mayoría de mexicanos que a través del golpeteo, promueven sus ideas y pensamientos, dando forma así a un gobierno de muchedumbre todóloga  pero de muy poco pueblo racional, decía el ex Primer Ministro Británico Winston Churchill que “la democracia es la peor forma de gobierno, pero es lo mejor que tenemos” y aun siendo este un modelo que salvaguarda la libertad ideológica, de pensamiento y de expresión entre sus habitantes, los mexicanos hemos tergiversado de forma demencial dichas concepciones, concibiendo la libertad como sinónimo de libertinaje, abusando de ella, creyendo irónicamente que tenemos el derecho de proliferar descalificaciones a diestra y siniestra sin consecuencia alguna.

El reto es grande, las problemáticas de nuestro país y su gente aún mayores, ningún mexicano debe perecer ante la lucha del ideal de tener un México mejor, libre de los problemas de marginación, pobreza, desigualdad y corrupción, pero para lograr dar el primer paso, tenemos la obligación moral de hacer conciencia sobre nuestro diario actuar.

La democracia como su origen etimológico griego <demo> pueblo y <kratos>  autoridad, denota que su máximo poder reside esencialmente en el pueblo, sin embargo esto es como decía Nicolás Maquiavelo, “un arma de doble filo” y los mexicanos, nuestra sociedad, brava, luchadora, incansable y trabajadora, ha caído en el abismo de la ignorancia, de la apatía y hasta del astigmatismo, al preocuparle mucho nuestro estado como nación, pero a ocuparle tan poco, que hemos sido incapaces de unificarnos ante los males que nos asechan de forma constante, y que en definitiva hemos construido una base social y educativa que no nos permite avanzar; no podemos seguir permitiendo que el rencor, el odio irracional y las perspectivas políticas sean la causa de una división innecesaria. Los mexicanos tenemos un deber para con la patria, y una obligación profundamente moral con nuestra sociedad, dejemos de ser un gobierno de masas característico de la oclocracia, y trascendamos a una democracia pura, y de estado de derecho.

Anhelo profundamente que estas líneas, motiven y hagan que cada mexicano, no reflexione, actúe.


SERGIO HERNÁNDEZ

Con una crítica inteligente y alimentada desde diferentes puntos de vista, es amante de la política y el debate.

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