La historia reciente en los procesos electorales en México se ha estado gestado en dos universos paralelos pero interconectados.

Por un lado, los partidos cuya presencia habitual en el escenario político ha sido progresivamente erosionada en los últimos años. Los otrora brazos ejecutores de ideología social y política han visto su preponderancia disminuir paulatinamente hasta perder todo signo de identidad más allá de sus siglas. Ahora, los partidnos políticos no son más que simples vehículos de libre tránsito para líderes interesados en participar en política. Desafortunadamente, estos líderes ahora lo hacen más para beneficio personal, que para beneficio colectivo o de difusión de ideas progresistas o conservadoras. ¿Qué importa ahora sino ganar?

Por el otro lado, se encuentran sus líderes o abanderados que buscan alcanzar un escaño o un puesto de elección popular. Anteriormente eran íconos de la ideología del partido que representaban utilizando frases e imágenes de crecimiento, de trabajo colectivo y utilizando las estructuras partidistas para asegurar “llegar fuerte a las masas”.

Ahora, los partidos pierden su membresía y su representatividad. De hecho, están perdiendo atractivo ante los segmentos jóvenes. De igual manera el liderazgo político está desdibujado. Los abanderados actuales se apoyan más en sus habilidades personales y su sentido de desvergüenza que en cualquier otra cosa. El objetivo es sorprender, asombrar, impresionar, inclusive, ofuscar, el pensamiento ciudadano con expresiones e ideas que no tienen nada que ver con una ideología de desarrollo sino más bien con el objetivo de aturdir los sentidos. De la ideología social al pragmatismo administrativo, de la social democracia (o conservadurismo) al populismo; del camino hacia un mejor futuro de manera conjunta, a la desilusión política y al sálvese quién pueda. Triste historia reciente de nuestro México.

Si bien todo esto es deplorable, porque habla de la pérdida colectiva de referentes importantes de orden, control de vida en sociedad, de espíritu de lucha social, no podemos negar que es la nueva lógica. Aquellos referentes están en el pasado, y no volverán en el futuro inmediato. Estamos hablando de que se requerirá de un cambio generacional, o tal vez más.

Aún y qué estas condiciones sean una realidad, la lucha social, ideológica no se ha perdido; la gente necesita de ello; y existe actualmente. Es solo que la acapara un solo partido y un solo líder. Los partidos tradicionales ajenos a su ideología representativa están perdidos, sin rumbo. En esta realidad, ¿qué les queda entonces a los partidos tradicionales? Sí siguen igual, yo diría no mucho.

El PAN seguirá buscando rehacerse operativamente, no renacerse ideológicamente. Quiere decir que simplemente les dará vuelta a sus dirigentes, se unirá con clases políticas tradicionales, fundadores, y hablarán de lo bueno que fue el pasado y con eso pensarán que están cumpliendo. El PAN perdió su sentido de lucha, se concentró en la formación de grupos: Los de FOX, los de Calderón, los del nuevo presidente. Ahora el PAN representa un grupo político ligado a una persona.

El PRD, se desfondó. En el México actual no tiene futuro más que intentar ser un partido chico de apoyo generalizado. Su permanencia actual esta supeditada a sus acuerdos políticos logrados en años anteriores. Perdió su carisma, perdió su ideología, perdió su referente de lucha. Dejó de ser un partido de la gente, para ser el espíritu atrapado de sus dirigentes. Dejó de ser el partido que buscaba cristalizar los ideales de una revolución social para convertirse en el partido de “Los Chuchos”.

El Partido Verde perdió su propio respeto cuando los niños verdes se volcaron a políticas de abordaje y saqueo del presupuesto público. Perdieron la vergüenza, y mientras más aparecieran en los medios mejor para ellos, no para el partido. Hoy hacen alianza con Morena y al rato lo harán con quién mejor proyecte una idea de triunfo.

El PANAL terminó su existencia cuando detuvieron a su líder. Nunca hubo más para eses partido.

La historia del PT ha sido un tanto diferente. Si bien sus líderes se han eternizado al frente de él, su presencia, modesta en general, ha ido aumentando. Su estrategia de aliarse al partido en el poder le ha permitido esta sobrevivencia. Sin embargo, algo a su favor, es de que no ha perdido su ideología, y no ha dejado de expresarla siempre.

El PRI continuará su caída progresiva hasta convertirse en la figura de aquel partido tan representativo en una época lejana ya: el PARM. El PRI de hoy no es ni la sombra del PRI de las décadas de los 60’s, 70’s y tal vez algo de los 80’s. No fue la competencia la que lo hizo sucumbir, sino la falta de ella. Si bien invirtió en sus redes clientelares, en sus mejores años pronunciaba un discurso de desarrollo sustentado en una ideología progresista. Y aún y cuando, ya en el poder se mostraba más bien conservador, con un sentido de orden y control (mano dura) para garantizar el desarrollo (según ellos), la gente aceptaba esa oferta. Hoy es distinto, y a pulso se lo ha ganado.

Al pasar de los años, el PRI, sin embargo, dejó de mostrar esa visión de desarrollo y privilegió su capacidad de maquinaria política. El PRI ganaba elecciones porque era la mejor estructura movilizando votos, no porque levantara pasiones. En época más reciente cayó por su propio peso y no se ha repuesto. Sus líderes ocupados más bien en una ambición personal más que una visión de país y nunca hicieron suya la responsabilidad de representar la gran expectativa de la gente: crecer y mejorar.
Habrá que ver el formato de elección interna para saber si el PRI ha cambiado su DNA hacia uno más democrático o sigue perdido en su remolino totalitario a favor de sus élites solamente. El problema es que el PRI pareciera que le tiene miedo a la democracia. Los

líderes actuales asumen propios los errores del pasado y, en cierta forma, pareciera que se avergüenzan de ello. En lugar de corregir y enmendar, y caminar hacia una reforma real, insisto, pareciera, que prefieren evitar la crítica y decidirán escoger liderazgos afines para seguir tapando, a manos abiertas, lo que todos los mexicanos vemos: un partido sin compostura. La historia de la rana y el alacrán ad infinitum.

El caso del comportamiento de los partidos políticos en México y la disminución de su poder de atracción de votos es muy claro. Los partidos dejaron de ofrecer una visión de mejor futuro; sus líderes se ocuparon de sus propias riquezas. Los partidos abandonaron a sus electores, los gobiernos a sus gobernados, y éstos dejaron de votar por ellos. Ese pacto social, roto por los líderes políticos, creó un hueco enorme, pero que sigue estando vivo en la sociedad mexicana. En las elecciones del futuro, ganará quién logre establecerlo y mantenerlo. AMLO lo estableció de nuevo, ya veremos si lo mantiene.

Lo que es cierto es que AMLO junto con MORENA llenaron ese vacío; y lo seguirán llenado hasta que no llegue otra oferta visionaria ligada a un fuerte liderazgo. AMLO ofrece esperanza, ofrece visión de desarrollo, ofrece sanación de heridas, ofrece una oportunidad de mejorar, ofrece un mejor futuro. La combinación de una ideología de desarrollo, con un liderazgo carismático.

Los partidos políticos, ahora de oposición, han adoptado la idea de dejar que el desgaste del ejercicio de gobierno muestre a un AMLO y a MORENA como incapaces de entregar resultados. No va a ser así. Para que esto suceda tendrá que pasar cuando menos dos generaciones.

¿Qué le queda entonces al resto de los partidos? Sí siguen igual, básicamente no les quedará nada más que seguir siendo partidos pequeños, cuyos espacios seguirán siendo ocupados por la misma gente de siempre. Videos van, videos vienen, señalando las incongruencias de una política morenista, pero no hay legitimidad en la denuncia mucho menos eco. Continúan perdidos con un mensaje totalmente equivocado a la realidad política. La gente ya votó. No necesitan que les digan que se equivocaron al votar. No hay que olvidar que la mayoría votó porque ya estaban hartos de las ofertas tradicionales que habían decepcionado, traicionado aún, la expectativa de cambio. La derrota que sufrieron no es que no se lo merecieran.

Durante la campaña presidencial los partidos tradicionales se dedicaron a mostrar por qué no votar por AMLO en lugar de ofrecer una narrativa contundente del por qué si votar por ellos. Igual siguen ahorita. Continúan con un mensaje de lucha entre partidos; señalando incongruencias del gobierno federal, que las hay, pero no se han percatado de que la gente ya no los escucha y mientras sigan igual, seguirán apartándose las vías de contacto entre estos partidos y estos líderes políticos y la sociedad a la que se deben dirigir.

MORENA se mantiene hablando de México y de los mexicanos. El resto de los partidos continúan perdidos viendo a su interior, sin darse cuenta de que la brecha se sigue abriendo; no han dedicado tiempo a pensar cómo transformarse, cómo re-inventarse.

México 2021.

Las siguientes elecciones no se ganarán el día de la elección; quien piense que le alcanzará el tiempo en el período electoral está equivocado y presto a chocar de frente con una realidad: las campañas actuales se ganan desde antes de que se emita un voto siquiera.

Las próximas contiendas electorales estarán perdidas para aquellos partidos que ofrezcan la línea de identidad partidista como un sentido de lucha. No hay bases en ninguno de ellos para hacerlo, hoy por hoy cuando menos.

Los líderes políticos que quieran competir por un puesto de elección tienen solo dos rutas a seguir: o se unen a MORENA, o presentan un cuadro de liderazgo propio y contundente.

Quien quiera contender por su partido o como independiente deberá comenzar a trabajar, lo antes posible, en su oferta de liderazgo. Alejarse de ataduras y costumbres partidistas; cambiar el discurso acartonado por uno más sentido y más representativo de la persona que lo emite.

Debe asumir que la responsabilidad de presentar una candidatura fuerte es de él o ella, no de su partido. Para ello debe comenzar a trabajar lo antes posible en los esquemas de vinculación ciudadana: presencia, beneficios, mensaje, visión de futuro, generación de grupo de apoyo.

MORENA seguirá ganando mientras ese deseo de contar con un pacto social de altura, con el que se garantice una alternativa de mejor futuro, aunque sea en el discurso, no sea llenado por alguien más. Los resultados del gobierno federal hasta ahorita no han sido del todo eficaces. Pero no hay nada mejor por el momento. Existe pues una real alternativa para todos los demás, siempre y cuando se alinean a los nuevos códigos de operación y comunicación política.

Seguro habrá que ser eficientes en el manejo y seguimiento de los contactos; se deberá adoptar tecnología de punta para llegar de mejor manera a la mente de los electores. Pero cierto también es que nada de esto valdrá sí no se muestra un liderazgo atractivo por el cual la gente estará dispuesta a votar a favor.

La verdad, la fórmula es sencilla: El camino por seguir para alcanzar una victoria electoral tiene que ver con la visión de un mejor futuro (ideología), presentada por un contendiente político legítimo, atractivo (liderazgo), enmarcada como una alternativa de crecimiento y desarrollo colectivo e individual (visón de nación), pero, sobre todo, tiene que ver con el liderazgo de quien la ofrece.

México necesita de partidos políticos eficientes; necesita de candados y contrapesos efectivos; de ciudadanos comprometidos y participativos en la vida política. Requiere de reglas claras y de respeto de las leyes y las instituciones que forman a un país y le dan valor a una nación.

Y aquí hay mucho trabajo por hacer. La Ley Bonilla, la Ley Garrote, la inseguridad creciente, el estancamiento de la economía, el incremento de la preocupación ciudadana sobre su condición de desarrollo y demás aberraciones del contexto político actual arrojan una gran sombra para el país. Esperemos que AMLO nos lleve a buen puerto.

Roberto Garza-Leonard
Consultor
Asuntos Públicos, Relaciones Públicas y Comunicación Publicum Network

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