El silencio adula al victimario y condena como verdugo a la víctima, ese es el resultante de las inacciones de nuestro país frente a la dictadura bolivariana iniciada por el occiso Hugo Chávez, y continuada por el hoy presidente ilegítimo Nicolás Maduro. Pese a ello, podemos decir con plena libertad que vivimos en una sociedad amnésica que cumple con el objetivo primordial de todo gobierno vinculado a los regímenes socialistas y populistas; la adulación a su líder, bajo la miseria de su pueblo.

Y es que, nuestro país junto con Turquía, Rusia, Cuba y Bolivia, han reconocido abiertamente el gobierno de Nicolás Maduro al frente de Venezuela, teniendo por otro lado, países como Estados Unidos, la gran parte de la Unión Europea, Brasil, Chile, Argentina, Canadá entre otros que desconocen su gobierno y además moral y diplomáticamente impulsan al líder de oposición Juan Guaidó como Presidente legítimo de la República de Venezuela. Resulta indefendible que México, un país que se rige bajo los grandes lineamientos democráticos, que presume de tener una de las Constituciones más avanzadas del mundo, hoy, tergiversa lo que la Doctrina Estrada declaró en su momento, y bajo el principio de la autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención, decide permanecer neutral frente a los abusos de poder, que tienen sumergidos a cientos de miles de personas, no solo en la pobreza y marginación, sino también, en un sistema que coarta derechos, reduce libertades, asesina opositores, provoca que miles se desplacen hacia la frontera colombiana, y causa una crisis económica que parece no tener fin.

Al pueblo de México, y muy probablemente a nuestro gobierno se le olvida que como nación nos pronunciamos en contra de las dictaduras abusivas de Francisco Franco Bahamonde en España, Augusto Pinochet en Chile y de Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua y esto no implicó una violación a la soberanía de aquellos países, sino un apoyo a la liberación de un pueblo sometido bajo el yugo de un líder inmundo.

Hoy estamos del lado equivocado, México le tiende la mano a un gobierno sin pies ni cabeza, y simultáneamente queda mal frente a las potencias latinoamericanas como Chile y Brasil.

La globalización en la que hoy vivimos permite que sean los derechos humanos los que prevalezcan ante toda situación, aquél que piense que, por soberanía nacional, México no debe intervenir, es como el cómplice que, al observar la comisión de un delito, prefiere callar, decide no hablar, porque en su filosofía, a el no se lo están haciendo. El paradigma de los derechos humanos en el contexto internacional exige que los Estados actúen frente a la arbitrariedad, el abuso de poder, y el sometimiento de una nación entera, que el día 23 de enero de 2019, salió a las calles a gritar ¡LIBERTAD¡

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